Manfredo ha ido a urgencias con un familiar que padece una afección cardíaca.
Han esperado varias horas para un electrocardiograma.
No pasan al enfermo a la unidad de cardiología, pese a que es una persona con una insuficiencia cardíaca, sino que la derivan al médico de familia para que, este a su vez, la envíe al especialista. El paciente se va casi más preocupado que cuando llegó (en ambulancia) sin un diagnóstico, ni un tratamiento y, sin fecha para que le vean.
Las urgencias son un caos de enfermos ¿urgentes?, familiares, camillas y personal sanitario que entra y sale camino de los bares, oliendo a tabaco y, con la misma ropa “aséptica” con la que trabaja en el hospital.
Manfredo no entiende como con estos hospitales, no muere mucha más gente.



